Venezuela: La lucha diaria por las compras

En enero, una familia promedio venezolana requería 16,3 salarios mínimos para adquirir productos de primera necesidad

Daniel González Cappa

12/03/16 | 13:01pm

Son las 9 de la mañana y en el centro de Caracas, el corazón de la capital venezolana, ya hay colas que abarcan varias cuadras. La más larga es la de un establecimiento del Estado, el Pdval, cuyo eslogan reza “seguridad alimentaria para el pueblo”.

Un señor sale del local con dos bolsas en sus manos: en una lleva un paquete de leche en polvo y en la otra dos botellas de aceite para cocinar, dos de los productos regulados por el Gobierno.

La gente aguarda su turno para entrar. La mayoría carga sombrillas para resguardarse del sol.

Una señora mayor lleva un banquito plegable para permanecer sentada. “Llevo horas esperando. Aquí te tienes que venir con seis o siete horas de antelación si quieres conseguir algo”, alega.

Por la misma zona, en una de las sucursales de Abastos Bicentenario -otra red de supermercados estatal-, están vendiendo papel higiénico. Sólo permiten la venta de dos paquetes de cuatro rollos por persona.

Las neveras están vacías de carne y no hay leche, harina ni mantequilla. Aún así, la fila para pagar le da la vuelta al establecimiento.

La escena se repite prácticamente en toda Caracas, pero sobre todo en el centro, zona considerada por los adeptos al Gobierno del presidente Nicolás Maduro como “territorio chavista”. Las colas abundan en cada local, y en cada uno de ellos la gente se hace la misma pregunta: qué hay y qué producto va a llegar.

Menos oferta

Las colas no son un fenómeno nuevo en la 'Venezuela del Socialismo del Siglo XXI', como se denomina al movimiento impulsado por el fallecido presidente Hugo Chávez para llevar al país petrolero hacia la igualdad social. Algunos medios de comunicación sitúan su inicio en el año 2007.

La demanda se concentra principalmente en los productos que más escasean: harina de maíz, aceite, leche líquida y en polvo, caraotas (frijoles negros), arroz, carne, pollo, margarina, pasta, huevos, jabón, papel higiénico, desodorante y champú, entre otros. Básicamente los que regula el Estado venezolano y los que conforman la canasta básica, o lo mínimo indispensable que necesita una familia promedio al mes.

De acuerdo con la última Memoria y Cuenta del Ministerio de Alimentación venezolano, en 2015 el Gobierno importó 5.2 millones de toneladas de alimentos, 36% más que en 2014 y representando el 90% del total de productos alimenticios adquiridos.

No obstante, el mismo informe detalla que los principales establecimientos estatales disminuyeron la distribución de toneladas de alimentos entre el 6 y el 33% entre 2014 y 2015. La mayoría de estos locales estuvieron inoperativos, según el Ministerio.

Aunque se llamó a éste despacho en tres ocasiones, ningún vocero ofreció declaraciones.

El mercado negro

La mayoría de las personas se pregunta dónde está, entonces, la comida.

Está en el este de Caracas, en Petare, una de las barriadas más grandes de la ciudad, donde se consiguen prácticamente todos los productos de primera necesidad. Allí, en plena calle, se concentran los “bachaqueros”, comerciantes informales que revenden productos regulados a un precio mucho mayor al establecido por las autoridades.

Hay desde paquetes de arroz hasta pañales. Una vendedora ofrece cuatro rollos de papel higiénico en 400 bolívares, el producto más solicitado. Sin embargo, se niega a dar detalles de cómo consigue éste producto e ignora las preguntas. “Lléveselo que aquí sí lo encuentra”, le dice a una transeúnte.

También se puede conseguir un paquete de harina de maíz a un precio de 450 bolívares cuando el monto regulado es de 19. Una botella de un litro de aceite en 700 cuando su precio oficial es de 28 y un cartón de huevos de 15 unidades pasa de 210 en los comercios a 750 bolívares en la calle. Cada uno de estos productos representan menos de un dólar si se hace el cambio a la tasa del mercado negro, pero cuando se extrapola a moneda local, el problema cambia.

En el pasado mes de enero, una familia venezolana promedio necesitaba 16,3 salarios mínimos para adquirir la canasta básica, de acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social (Cendas). A ello se le suma la inflación anualizada, que oficialmente fue de 141,5% hasta finales de 2015, la más alta del mundo.

Mientras tanto, en Petare, la gente compra lo justo. La misma vendedora sigue ofreciendo el papel higiénico y trata de convencer a una señora que le compre un paquete de cuatro rollos. Al final, ésta última cede. “Deme dos por favor”, le pide.

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