
Varias generaciones honraron la memoria de un profesor totalmente salido del molde, fallecido el 22 de setiembre.
Yuri Lorena Jiménez
02/11/22 | 19:57pm
Existen más héroes anónimos de los que nos imaginamos. Aunque, pensándolo bien, el educador don Fernando Otárola Salas marcó con sus dones profesionales y personales a centenares, o mejor dicho a miles de vidas de estudiantes de secundaria y, años después, de Bachillerato por madurez.
O sea, son decenas de generaciones que lo vieron como un profesor que al mismo tiempo era una especie de psicólogo que trataba por todos los medios de evitar la deserción de los alumnos del Colegio de Alajuelita y, más adelante, del Liceo de Hatillo.
Incluso eran frecuentes las visitas de las madres de muchachos que debían abandonar el colegio porque habían quedado viudas o porque el marido las había abandonado y entonces don Fernando movía cielo y tierra con tal de que los muchachos no tuvieran que abandonar los estudios.
Así lo rememoró su hijo, José Otárola-Silesky, quien viajó desde Viena, Austria, donde vive y trabaja para ofrecerle un último adiós a su progenitor y, de paso, pronunciar un sentido discurso que recopiló el sentir de centenares de exalumos de “Chito”, como le apodó el estudiantado desde que don Fernando daba sus primeros pasos como educador.
“Durante su época como educador era profesor de ciencias o biología y no se le quedaba nadie en el grupo, tenía unas promociones fantásticas, de un 99%, a pura motivación, empuje y calidad de enseñanza” rememora José Otárola.
Don Luis Fernando tuvo una prolífica carrera como director de los Liceos de Alajuelita y Hatillo, luego se convirtió en el asesor del exministro de Educación, Eduardo Doryan y, en ese puesto, se pensionó.
El Profe Otárola se convirtió en el psicólogo y a veces, hacía las veces de padre en su alumnado, desde primero (como en esta foto) hasta quinto año.
“Nuestro querido profesor de ciencias, muy humano, muy querido, muy cercano con los estudiantes, consejero, amigo… una de las grandes felicidades nuestras fue cuando lo ascendieron a director, solo que interino, y cuando nombraron a otro director y no lo dejaron a él, hicimos una huelga como de una semana, íbamos al colegio pero no asistíamos a clases hasta que lo logramos… su fama trascendía los colegios de la zona, todo el mundo sabía quién era Chito, me dolió mucho cuando me enteré de su fallecimiento pero él es uno de los profesores que uno no olvida jamás”, cuenta Iván Barrantes, uno de sus exalumnos.
Ya pensionado y siempre con su misión de promocionar la educación a toda costa, detectó que en Tres Ríos, donde residió prácticamente toda su vida, había una importante población juvenil y adulta que no había tenido la oportunidad de sacar terminar el colegio, de manera que instaló un Instituto de Bachillerato por Madurez, más adelante llamado Bachillerato a Distancia.
“Estuvo como 25 años a cargo, ahí se graduó medio Tres Ríos, él motivó a muchísima gente, ya luego además daba clases de matemática y español, de sus mayores satisfacciones era cuando llegaban las mamás de sus bachilleres o ellos mismos, cuando lo buscaban para contarle que gracias a él se habían convertido en universitarios y habían sacado una carrera y ya eran profesionales”, agrega su hijo.
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