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Adopciones

La increíble gesta de una familia tica en San Diego, California

​Un matrimonio de costarricenses y sus dos hijos salvaron del abandono a dos niñas estadounidenses con autismo severo y hoy les prodigan amor, dignidad y esperanza.

Yuri Lorena Jiménez

10/09/22 | 12:28pm

Podrían estar disfrutando del "sueño americano", dándose la gran vida, pero no. La pareja costarricense conformada por Judith Solano y Juan Carlos Argüello, junto a sus hijos Mariano José y Judith, optó por otra forma de gratificación que no tiene precio: en coyunturas distintas, ellos adoptaron a a Akilah (hoy de 11 años) y a Lily Rose (quien cumplirá 16 en octubre).

Las dos niñas son personas con autismo severo; Akilah tiene además déficit atencional, mientras su hermana Lily Rose padece parálisis cerebral. Ninguna de las dos habla.

La historia de cómo se cruzaron los caminos de los Argüello Solano con quienes hoy ellos llaman sus “ángeles” es lo que personas fervientemente creyentes, como ellos, llaman “una cadena de Diosidencias”.

El martes 23 de agosto, la familia volvió a cerrar filas, como es su costumbre, en vista de que “la bebé” -como le dicen a Lily- fue operada de la cadera en una cirugía de cinco horas. Su hospitalización requirió la logística de todos para todos: hubo que hacerle prueba de covid, laboratorios y otros procedimientos previos que tuvieron a la familia prácticamente día y noche en el hospital. Luego, mientras el papá la internaba, la mamá recogía a Akilah y los muchachos se turnaron el cuido postoperatorio de Lily: Mariano incluso pasó la noche con ella en el hospital.

Un muchacho de 20 años que prefirió cuidar a una de sus hermanitas menores antes que estar realizando cualquier otra actividad propia de los jóvenes de su edad.

Judith

“Él médico nos dice nuevamente que no tenemos ninguna esperanza de que Lily pueda sostenerse en pie o caminar algún día, de hecho le falta una segunda operación. Entonces yo le vuelvo la cara, yo no le digo nada, yo le confío al Señor… pero bueno, por ahora seguimos turnándonos porque va a seguir hospitalizada cinco días, le van a poner unos yesos y unos aparatos y bueno yo no sé cómo voy a hacer para cambiarle los pañales, para bañarla, ella no controla esfínteres entonces a veces se me ensucia toda pero bueno, ¿quién dijo miedo? Dios dirá”, reflexionó Judith en su momento, esa tromba turrialbeña con la que compartí hermosos momentos mientras éramos adolescentes y a quien le había perdido el rastro desde hace décadas.

Como el resto de su familia, “Judith la flaca” era conocida por todo el pueblo, es la menor de cinco hermanos y siempre andaba riéndose, con aquel frondoso cabello largo y rizado, saludando a todo el mundo con ese hablado de “tarabilla”, como bromeábamos con ella, quien hoy reconoce que sigue hablando “a 180 kilómetros por minuto”, como le dice su mamá.

La gran sorpresa que recibí hace unas semanas por parte de otro turrialbeño, fue un reportaje de Canal 8 de San Diego, en el que aparecen Judith y Juan Carlos (Johnny, como le dicen allá) y sus cuatro hijos, en un hermoso y conmovedor video en el que se les reconoce a los Argüello Solano su dedicación y solidaridad al hacerse cargo de las dos niñas con serios problemas de salud.

Desde entonces Judith y yo retomamos contacto y, entre tantísimo vaivén de conversaciones con el fin de realizar este reportaje, descubrí a la mismitica “Flaca” --quien bromea con que es la única gorda a la que le siguen diciendo ‘Flaca’-- pues con los años se ha aumentado unos kilitos que no le hacen mella a su encanto, ni a su salud mental y espiritual.

En esa particular familia todos tienen tremendo mérito, más después de la llegada de Akilah y Lily, quienes no estaba presupuestado, ni por asomo, que se incorporaran para siempre como miembros de la prole.

Y es que todo se fue decantando como una especie de dominó que el matrimonio considera una "Divinidad".

Judtih

Judith

Lily Rose en secuencia fotográfica: su primer día con su nueva familia, y un retrato actual.

Los golpes de la vida

La inquieta turrialbeña terminó la secundaria y viajaba a San José para estudiar secretariado, cuando un día le comunicaron que su papá, don Jorge, de 77 años, había sido hospitalizado por un dolor de estómago. Judith tuvo un presentimiento y regresó a Turrialba en el bus de la noche. “Me bajé en el hospital, el doctor me dijo que le iba a dar la salida pero que tuviéramos en cuenta de que ya estaba mayorcito, que había que cuidarlo mucho, papi me dijo que seguía sintiendo dolor, el doctor lo medicó y de un momento a otro hizo un paro respiratorio, murió en mis brazos”, narra hundida en lágrimas por el recuerdo.

“Fue muy duro para mí, luego hubo que hacer todos los trámites para el sepelio y demás y como a los 15 días fue cuando finalmente pude hacer el duelo a mi manera, salí al patio y lloré intensamente, pegaba gritos y todo, pero en ese momento creo yo que empezó mi despertar espiritual porque Dios me dio el entendimiento para agradecerle que me había dado la oportunidad de mandarle a mi Papito a su regazo”.

El camino de una fe que se fue robusteciendo cada vez más le dio señales a Judith al ir logrando esa paz que sobrepasa todo entendimiento, como dice la Biblia, pero también hubo señales más concretas, como cuando tuvo sus primeros programas de radio como conductora en la ya extinta Radio María y en La paz del dial. Juan Carlos, su hoy esposo y socio de vida, se fue enamorando de ella mientras la escuchaba en la radio, hasta que un día llegó a buscarla, se presentó y ahí mismo le dijo “Sí usted me da el sí, me caso con usted ya”.

La relación se fue fortaleciendo, Juan Carlos se alineó con ella a diferentes iniciativas para reforzar su fe y vincular a otros jóvenes en retiros espirituales y enseñanzas bíblicas, hasta que se casaron, se convirtieron en los papás de Mariano José y Judith y el esposo decidió irse a trabajar a Estados Unidos con la fe de poder llevarse pronto a su familia.

Los ruegos fueron escuchados y ni a Judith ni a sus pequeños hijos le pusieron el menor obstáculo para otorgarle la visa.

California fue su destino y San Diego su lugar de residencia. Poco a poco, las Diosidencias los iban acercando al punto de inflexión que cambiaría sus vidas para siempre, y las de Akilah y Lily, también. “El Señor nos trajo aquí con un propósito profundo y una vez más nos enseñó que, caminando con él, usté nada más déjese llevar ¡y punto!”, exclama Judith con un entusiasmo tan admirable como contagioso.

Por supuesto, la historia tiene sus ribetes tétricos, pues las historias de Akilah y Lily antes de ingresar en el proceso de adopción que les cambiaría la existencia a ambas, se asemejan a cuentos de terror.

El ‘Esteban Josué’ que no fue

Una vez instalados en California, Juan Carlos se empleó en un centro para jóvenes con necesidades especiales, mientras que Judith, inquieta, imparable y siempre (re)inventándose, descubrió una oportunidad de negocio por puro accidente (aunque para ella no hay casualidades): subió a Facebook una foto en la que su hija Judith (Meme, le dicen en la familia) iba para la escuela con un salveque y a mucha gente le llamó la atención, preguntándole que dónde había conseguido la mochila.

Así empezó un negocio de compras por encargo, de manera que desde Costa Rica sus clientes le realizan pedidos y ella se los hace llegar, se trata de una empresa próspera llamada ARSO y, eso sí, aclara que ella no vende nada, solo realiza compras por encargo.

Para entonces, la pareja había empezado a considerar adoptar un niño, un varón al que ya hasta le tenían nombre y todo: Esteban Josué.

Gracias a Esteban Josué, empezaron a realizar indagaciones sobre posibilidades para adoptar y fue cuando supieron que en Estados Unidos existe un sistema llamado "foster parents" (Padres de crianza), en el que tras los estudios correspondientes sobre la idoneidad de las parejas, les dan un período de prueba de un año para que las partes tomen una decisión definitiva.

Judith y Juan Carlos fueron aceptados como "foster parents", pero tremenda sorpresa se llevaron cuando se les cruzó Akilah.

“Habíamos hecho todo el papeleo y llenado los requisitos y en eso nos llaman y nos dicen que había una niña, y a uno le mandan el perfil de la niña, le mandan todo y le dicen que si quiere ir a conocerla… el asunto es que nos dicen que era una niña con necesidades especiales, una niña con autismo, déficit atencional y quien no habla; y nosotros decíamos ‘con cinco añitos’ y nos volvíamos a ver y cuando nos dicen que era una niña para cuidarla, de "foster", que si estamos de acuerdo, pues nosotros no tomamos ninguna decisión si antes no consultábamos con nuestros hijos, que para nosotros esto ha sido lo más importante ...ay, es que es tan fuerte… El Señor nos ha dado tanto a nosotros… Y soñábamos con tener esta bebé… con tener este bebé, Esteban Josué, según nosotros … pero igual nos fuimos los cuatro a conocer la niña”… Judith hace una pausa y continúa, con la voz quebrada.

Judith

Jud

Akilah (foto superior), el día de su adopción. Luego se le uniría Lily. Ninguna habla, salvo, claro, por el lenguaje del amor.

“Fue una niña muy maltratada, una niña abusada, una niña que su mamá y su abuelita decían que era una niña con un demonio adentro y que por eso era que ella no hablaba… no hablaba por que era una niña con autismo, que es lo que ella tiene… no es fácil, tengo que decirte que ese día la vimos, regresamos a casa, y teníamos que dar una respuesta… y ya nosotros habíamos hablado, nos enamoramos de Akilah desde el momento en que la vimos oramos al Señor y ¡esa era la niña! No era Esteban Josué… volvimos a ver a Mariano y a Meme y nos dicen ‘¡Mamá! ¿Cómo nosotros vamos a decir que no, no está viendo donde está esa chiquita, ahí tirada, desamparada?’… y yo lo único que hacía era decirle ‘Padre, gracias por esos hijos, por esos sentimientos y ese amor que les inculcamos desde niños”, dice Judith entre lágrimas.

Una vez que cumplieron con el período de "foster parents", formalizaron la adopción de Akilah, quien ya es una adolescente y lleva seis años de convivir con su nueva familia.

Lily, el segundo ángel

Si ya esta familia está acostumbrada a seguir las señales divinas, otra se les presentó cuando finalmente les fue concedida la adopción de Akilah. En plena corte, el juez les habló de otra niña que estaba en una situación sumamente precaria, literalmente encerrada desde hacía cinco años en un cuarto, sin los cuidados requeridos a pesar de tener autismo y parálisis cerebral, entre otras afecciones.

“Lily tiene...como 30 operaciones… era una niña sumamente complicada, una niña agresiva … en defensa propia. Cuando Lily llegó, solo para conocerla durante un fin de semana te digo, ese fin de semana no dormimos nada, porque era malcriadísima, metía las uñas, gritaba, una cosa que no tenés idea… algo tremendo y yo decía ‘Padre ¿qué hacemos, qué hacemos?’, lo consultamos con nuestros hijos y una vez más, nos dijeron ‘No podemos decir que no, veamos lo que está sufriendo esa criatura’ y ya con todos de acuerdo de inmediato asumimos la prueba de un año y en el 2016 Lily se convirtió en nuestra hija, ahora somos seis y sí, hay que lucharla, pero verlas hoy en comparación cuando las asumimos, son unas preciosas, no fue fácil ni lo será, eso lo tenemos clarísimo...” dice Judith con un entusiasmo difícil de cuestionar.

En el caso de Lily, ella tiene problemas para digerir alimentos además de dificultad para controlar los esfínteres. Desde que llegó a la familia de los Argüello Solano ellos, dirigidos por autoridades en el tema, se han encargado en mantener a sus nuevas hijas en el mejor ambiente posible, con la mayor asistencia posible: al fin y al cabo, ellos y sus hijos biológicos asumieron a sus nuevas hijas como las bebés de la familia, a las cuales les prodigan amor, tiempo, paciencia y terapias.

“Tsss ¿quién dijo miedo? Esto es 24/7 y lo será para toda la vida, esto será para siempre, es una historia de nunca acabar porque no se acaba nunca… cada vez que repaso lo que hemos vivido y logrado con nuestros ángeles, entre todos, me pongo a mariquear a moco tendido, pero lloro de alegría, de cómo la misericordia de mi Dios… cómo ha sido tan bueno, la forma en que conocí a mi esposo, la vida espiritual que nos unió y nos ha permitido inculcarla a nuestros hijos”, reflexiona esta hiperactiva mujer, quien entre llantos tiene salidas de humor espontáneas y en todas nuestras conversaciones para este reportaje, pasamos de las lágrimas de conmoción a las de la risa.

El viernes 2 de setiembre le dieron de alta en el hospital a Lily y a la familia le repitieron que los cuidados post operatorios iban a ser intensos, que incluso en el hospital tenían que intervenir tres enfermeras para cambiarle los pañales, en esa maravillosa atarantazón con la que habla, sin perder nunca la coherencia, expresa: “¡Fijate vos, yo no sé cómo voy a hacer, pero me la jugaré y saldré victoriosa en la misión, como siempre, tres enfermeras para cambiarle el pañal a mi bebé, viejas más vagas!”, dice muerta de risa y por supuesto, sin mala intención.

La fuerza del corazón

El corolario de la heroica lucha diaria de esta familia puede entenderse mejor al regresar tres décadas atrás, la noche de la vela de don Jorge, el papá de Judith, cuando su mamá sintonizó Radio Fides. “Oh mi mama, siempre con esa emisora”, pensó la Flaca, y justo en ese momento el locutor instó a los oyentes que se sentían necesitados de oración, a que llamaran por teléfono.

Judith sintió la necesidad, llamó, la pusieron al aire y ella contó lo que estaban viviendo en familia, entonces el locutor, quien hoy es el pastor Oscar Durán, pidió por ellos con tal espiritualidad y sabiduría, que ese día hubo un antes y un después para esta valiente mujer: “Ese día recibí a Jesús en mi corazón”, afirma conmovida.

Su retórica y entusiasmo pronto la pusieron tras los micrófonos del programa El poder de la oración, en la Fuente Musical, y más adelante arrancó junto con el Padre Minor Calvo el proyecto de Radio María, en el que Judith conducía el espacio Cristo joven.

Hace un paréntesis al mencionar al sacerdote y asegura que todo lo ocurrido fue durísimo para ella. Pero de vuelta a la historia, a la postre este programa le depararía a su compañero de vida, Juan Carlos quien, como se mencionó antes, se enamoró de Judith al escucharla diariamente, un buen día se presentó, se conocieron, se unieron en la fe y han caminado juntos hasta el día de hoy.

Desde que concibieron a su primer hijo, Mariano, la Flaca supo que tenía enfrente a un hombre de cualidades y sentimientos únicos, pues ella pasó ocho meses en cama ante la amenaza de aborto y fue su esposo quien la cuidó, le cocinaba, lavaba, hacía el oficio y la acompañó en todo el proceso que culminó con el feliz nacimiento de su primogénito.

“Es que mi esposo… imaginate, yo todo lo vomitaba y él con aquella paciencia, cambiando sábanas, lavando edredones”, recuerda con amor y agradecimiento y agrega: “Y ve lo que es Dios, en medio de lo que estábamos viviendo me da la bendición de inspirarme el nombre del Ministerio que dirijo hasta el día de hoy:Y Dios te quiso mujer, un chat con 173 mujeres que nos nutrimos unas a otras en espiritualidad y oración.

En el 2018, esta particular familia fue homenajeada por la organización Toward Maximum Independence (Foster Parents) y les entregaron un reconocimiento por haberse convertido en padres adoptivos totalmente comprometidos con la misión de sacar adelante a Akilah y a Lily. “Para gloria de Dios nos dieron un premio muy lindo, fue una gala con un montón de gente importante, nos elogiaron pero lo más importante es que este tipo de actividades pretenden incentivar a que otras familias se dedican por la adopción… uno hace las cosas calladito pero el Señor es el que te exalta, el que te pone donde él quiere”, reflexiona Judith.

Y culmina con su maratónica, conmovedora y hasta divertida diatriba. O sea, Judith siendo Judith:

“Dios nos ha bendecido tanto, qué fácil adoptar un niño que no tenga ninguna necesidad especial, pero unas como ellas… Sin embargo, no dejo de hacer todo lo que hago, ellas no me limitan para nada, ahí como puedo las monto en el carro y me las llevo a hacer mis compras y a hacer mis cosas… son mis ángeles”.

Y agrega: “¡Hay tanto qué hacer, hay mucha necesidad espiritual, y al que mucho se le da mucho se le pide, dice la Palabra!. Tanto que me ha dado el Señor, ¿cómo voy a estar aquí con los brazos cruzados?, eso sería lo más sencillo, decir ‘ay no me joda, yo que vivo pura vida aquí en la Yunai, tengo la empresita, a los chiquillos...¡qué voy a estar yo comiéndome la bronca con un montón de viejas en un chat …! Pero cuando el Señor te llama, el llamado es irrevocable.

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