
Este hecho pone a correr a la empresa china para no dejar sus dispositivos sin un robusto sistema operativo
AFP
20/05/19 | 06:41am
El fin de las actualizaciones de Android en los teléfonos inteligentes del fabricante chino Huawei puede complicar rápidamente la vida de los usuarios de estos aparatos, y sobre todo transformar el mercado de las aplicaciones móviles.
Este inesperado anuncio se produce en medio de las tensiones comerciales entre Washington y Pekín, y tras la espectacular decisión la semana pasada del presidente Donald Trump de prohibir a los grupos estadounidenses comerciar en el ámbito de las telecomunicaciones con sociedades extranjeras consideradas "peligrosas" para la seguridad nacional.
La medida apunta principalmente a Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, segundo fabricante mundial de smartphones y bestia negra de Washington, que acusa al grupo de ciberespionaje en favor del gobierno de Pekín.
Huawei, número dos mundial en el mercado del smartphone, vende decenas de millones de aparatos cada mes en todo el mundo: 203 millones en total en 2018, contra 150 millones en 2017, según el gabinete Gartner.
En el primer trimestre de este año, la empresa china vendió 59,1 millones de dispositivos móviles, un 19 por ciento del mercado y más que la estadounidense Apple, aunque todavía por detrás de la empresa líder, la surcoreana Samsung.
Para los usuarios de Huawei, las consecuencias pueden ser importantes ya que Google actualiza regularmente sus diferentes versiones de Android, a menudo por razones de seguridad.
En los próximos días, sus smartphones podrían sufrir por tanto fallas, a menos que la mepresa decida hacer por sí mismo las actualizaciones. De momento el sistema operativo subsidiaria de Google ha dicho que seguirá haciendo esas actualizaciones de seguridad.
La otra consecuencia, más lejana, implica a las aplicaciones. Pues a medida que se actualiza Android, también lo hacen las cientos de millones de aplicaciones propuestas en su App Store.
Pero esas actualizaciones de las aplicaciones generan una forma de obsolescencia de los aparatos que no tuviera las últimas actualizaciones del sistema operativo, lo que provoca simplemente que luego estas aplicaciones son incapaces de funcionar.
A corto plazo, Huawei tiene pocas soluciones.
En sus actuales aparatos, es complicada la implementación de un nuevo sistema de explotación, en lugar de Android.
En los futuros aparatos, también parece difícil una alternativa: el único sistema de explotación suficientemente extendido es el iOS de Apple, disponible exclusivamente en los iPhones. Microsoft había intentado lanzar una versión móvil de su célebre Windows en 2010, pero sólo pudo aplicarla en sus propios teléfonos. Además, los Windows Phone no tuvieron éxito y Microsoft abandonó la aventura en 2017.
A medio plazo, esta decisión de Google podría incitar a Huawei a seguir el ejemplo de Apple y proponer su propio sistema de explotación, una idea que ya se plantearon los dirigentes del gigante chino.
La marca china difícilmente puede ser ignorada por los creadores de aplicaciones, que se verían obligados a ofrecer así una versión especial de sus productos, para no tener que renunciar a una parte significativa del mercado.
Sin ir tan lejos, Huawei puede perfectamente desarrollar un "fork" (versión alternativa) de Android, versión que le sería propia aunque reutilizando la mayoría de los códigos de Android, que están en "open source", es decir libres de derechos. Ello le permitiría conservar un producto compatible con las aplicaciones desarrolladas para Android.
Para Google también, la idea de cortar lazos con Huawei conlleva riesgos. Al margen de los iPhones, Google tiene una posición monopolística con Android, un producto que le ha permitido desarrollar servicios asociados, la geolocalización con Google Maps, entre otros.
Estos servicios le son esenciales en la captación de datos de los usuarios, esencial en su modelo económico basado en la ventas de espacios de publicidad a medida, a imagen de Facebook. A medio plazo, una ruptura con Huawei puede hacerle perder a Google el acceso a los datos esenciales de centenares de millones de usuarios.
Pero lo que representa un serio riesgo para Google es sobre todo el desarrollo de un sistema propio de la empresa china.
Además, el enfrentamiento entre las compañías supone una advertencia para los demás fabricantes chinos (Xiaomi, Oppo, OnePlus...). En caso de desarrollo de un sistema de explotación por Huawei, sus competidores podrían animarse a adoptarlo, para evitar a su vez convertirse en víctimas de presiones estadounidenses.
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