
Yerly López, vecina de Río Naranjo de Bagaces, relata una noche de insomnio y destrucción
25/11/16 | 18:55pm
De sus 32 años de vida, Yerly López Oreamuno ha vivido 21 en el centro de Río Naranjo de Bagaces, Guanacaste, y es por eso, asegura, que está más acostumbrada a los vientos que a la lluvia. “Había viento, pero nunca al nivel que se esperaba, porque aquí es ventoso. Estábamos extrañados con la lluvia”, recuerda.
De su trabajo como dependiente en una ferretería en el centro de Bijagua, la comunidad vecina, Yerly salió rumbo a su casa a las 4 de la tarde del jueves. Sabía que un huracán pasaría por el país y, específicamente, por la Zona Norte. Incluso sabía que existía la posibilidad de que, llegado el caso, los vecinos utilizaran como refugio el templo de su papá, el pastor de la comunidad, que está ubicado en la propiedad donde vive, a pocos metros de su casa.
“Empezó a llover fuerte a partir de las 6 de la tarde, y nos extrañó que no hubiera tanto viento. Todo el mundo le tenía miedo a eso, a los vientos, pero lo que nos sorprendió fue la lluvia. No paraba de llover y la luz se fue a las 6 de la tarde exactamente. A las 7 de la noche empezamos a escuchar el estruendo del río, era como si un backhoe estuviera trabajando, el sonido era horrible y la casa se estremecía”, evoca Yerly, quien estaba refugiada en su casa junto a sus papás, de 60 y 55 años, y su hermano menor, de 22.
Con el río Naranjo en los linderos del terreno, a unos 50 metros de distancia, la sensación de peligro era inevitable. Yerly asegura que para ellos es normal ver el río crecido, o padecer de vez en cuando cabezas de agua, “pero nunca como ayer”.
“Según lo que me dijeron otros vecinos, debe haber habido un derrumbe arriba, en las zonas altas, que taponeó la corriente y que por eso bajó una cabeza de agua a alguna hora de la noche o la madrugada”, explicó la mujer. Sin embargo, no se enteró de las verdaderas consecuencias del huracán hasta que amaneció.
Organizados por el ‘comité cívico’ de Río Naranjo, algunos vecinos empezaron a llegar al templo a eso de las 9 de la noche, tal y como habían planeado que harían. Sin embargo, Yerlyn narró que al aumentar la sensación de peligro, por los espantosos retumbos del afluente, decidieron resguardarse un poco más arriba, en el centro comunal, a unos 500 metros de la corriente. “Primero llegaron vecinos que viven muy cerca del río, pero luego llegó más gente. Hoy en la mañana, en el centro comunal amanecieron unas 120 personas”.
La mujer narró que dejó de llover a eso de las 2 de la mañana, y que cuando paró la lluvia, también cesaron los bramidos del río. Dos casas vecinas habían sido totalmente destruidas por una cabeza de agua, y entonces supo que otras cuatro familias también habían perdido sus viviendas, aunque estaba casi segura de que su comunidad no reportaba muertos ni desaparecidos.
“Como a la una de la mañana llegó una comitiva de autoridades, con bomberos y cruzrojistas. Dormimos poco, pero nos pusimos de pie, de nuevo, a las 5 de la mañana, y vimos pasar furgones con ayuda. También vimos carros del ICE, porque hay postes de luz caídos por todas partes, pero aún estamos sin agua y sin luz”.
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