Así las cosas, entre las recomendaciones destacan no aumentar más de 10 a 15 kilos durante la gestación, así como incrementar el consumo de vegetales verdes, productos integrales y grasas saludables tales como semillas, aguacate o aceite de oliva.
El hallazgo surge de una investigación a cargo de científicos de la Universidad de Bristol y el King's College London, que encontró que una dieta alta en grasas saturadas, comida y azúcares procesadas durante la gestación, son factores que están estrechamente asociados al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), en edades muy tempranas.
Uno de los líderes de la investigación, Edward Barker, sostuvo que “los hallazgos revelan que una nutrición prenatal no saludable está asociada con este gen, lo cual subraya que una dieta balanceada durante el embarazo es de importancia crítica”.
Al evaluar el detalle de los casos los investigadores encontraron alteraciones desde que los niños estaban en el vientre materno, por ejemplo determinaron que la nutrición de las madres afectó el gen IGF2, el cual está involucrado en el desarrollo del feto y su cerebro, específicamente en áreas implicadas con el TDHA.
Para contextualizar esta alteración genética, la publicación precisó que este gen -o su alteración- fue detectado en niños cuyas madres estuvieron expuestas a la hambruna en los Países Bajos, durante la Segunda Guerra Mundial.
Después de una serie de exámenes, los médicos determinaron que una nutrición prenatal pobre, basada en altos niveles de grasas, de azúcar y comida procesada, estaba estrechamente asociada con los cambios en el gen IGF2 encontrados los niños con problemas tempranos de conducta.
Otro detalle qrevelado es que la modificación de este gen también fue asociada con mayores síntomas de déficit atencional en menores de edad entre los 7 a 13 años, pero solo en niños que mostraron estos trastornos en edades muy tempranas.ç
El trabajo, publicado en la revista Journal of Child Psychology and Psychiatry, es el primero en revelar que una dieta inapropiada puede alterar un gen cuyo impacto puede generar cambios a nivel cerebral asociados con serios problemas de conducta e hiperactividad.
De acuerdo con los investigadores, la "mala conducta" –peleas o mentiras compulsivas- y el déficit atencional son dos condiciones que usualmente se presentan en concomitancia y, si se indaga en el origen de estos patrones, es frecuente encontrar que comparten experiencias prenatales muy similares como el estrés materno y una nutrición pobre.
